San Patricio, patrón de Irlanda, nació a finales del siglo IV en Escocia. A los 16 años, fue capturado por piratas y vendido como esclavo a un cacique irlandés llamado Miliucc. Durante seis años, Patrick tuvo que servir a Miliucc, trabajando con el rebaño en el Valle de Braid. Al no haber comida ni agua, los marineros se burlaban de su fe, pero Patricio los animó a rezar. Una vez que confiaran en Dios, apareció una manada de cerdos para proveerles alimento. Más tarde, llegaron a un pueblo y a partir de allí viajó solo hasta llegar a su casa, donde fue bien recibido por sus padres, pero no permaneció mucho tiempo, ya que dejó a su familia para regresar a Irlanda porque creía tener una misión con el pueblo que había dejado.
Mientras estaba con su familia, soñaba frecuentemente con los irlandeses que le pedían que regresara al país para bautizarlos y ministrarles, y así lo hizo. Por esto, los irlandeses le agradecen su compromiso desinteresado con su bienestar espiritual. El joven peregrinó predicando el catolicismo y construyendo iglesias, lo que le granjeaba cada vez más popularidad. Además, según la leyenda, consiguió ahuyentar a las serpientes de Irlanda. También es célebre el episodio en el que Patricio explica la Santa Trinidad con una hoja de trébol.
Finalmente, falleció en 461 y fue enterrado en Saúl, donde edificó su primera iglesia. Se le honra en esta fecha porque, con el tiempo que pasó en Irlanda, San Patricio transformó la vida y el futuro de un pueblo que había sido esclavo.
La celebración con cerveza comenzó en 1996, cuando en Dublín se realizó el primer gran desfile en honor a San Patricio. Es un acontecimiento vital para la comunidad irlandesa, ya que desde el siglo XIX muchos emigraron y llevaron sus tradiciones por el mundo. El gobierno irlandés empezó a promover su cultura para reforzar su identidad y atraer a otros. En este contexto, se incorporó la cerveza y la connotación religiosa pasó a un segundo plano para dar paso a la diversión y acercarse a las masas.